Ciencia y Religión: un Simposio
Octubre 13, 2011
Ciencia y Religión: un Simposio
Pienso que vale la pena comenzar estas líneas felicitando a la Fundación Ramón Areces por esta iniciativa, que se celebrará en Madrid los próximos días 10 y 11 de noviembre.
Las conferencias, cambios de impresiones, etc, están agrupadas bajo un título: Ciencia y Religión en el siglo XXI: ¿diálogo o confrontación?
Atrás han quedado los tiempos de rechazo y de sospecha, de uno y otro lado. En uno de los encuentros promovidos por el Consejo Pontificio de la Cultura, un teólogo, Ravasi, y un científico, el genetista Axel Kahn, reconocieron abiertamente la necesidad de un diálogo; de eliminar toda exclusión.
“Dos miradas, la de la ciencia y la de la fe, para una visión completa de la realidad que se explora”, señaló Ravasi. “¿Por qué es bello un cuadro?, se pregunta Kahn, y se contesta: No hay una respuesta científica a esta pregunta, pero es legítimo proponerla, así como preguntarse si algo está bien o mal”.
“Se puede pensar en la experiencia del enamoramiento, en la que constantemente traspasamos lo que la ciencia nos ofrece y vemos en el rostro del otro la belleza más allá de la objetividad”. Considera Ravasi, y afirma: “Se trata de un conocimiento verdadero, aunque no es el mismo que el de la geometría, el de la racionalidad”.
Y Kahn insiste: “nuestro mundo está fundado sobre los que creen y los que no creen, pero es necesario crear el futuro juntos; hay que dialogar sobre lo que unos y otros consideran el camino correcto”
“¿Todavía importa Galileo?”, “Origen y Creación en el universo del Big-Bang”, “Heisenberg, Gödel, y la cuestión de la finalidad de la ciencia”, “Cerebro y alma: nuevas formas de mirar un viejo problema”, son títulos de algunas de las conferencias previstas.
Para el diálogo, puede objetar alguien, se necesita utilizar un mismo lenguaje; y la ciencia y la religión hablan lenguajes distintos. Kahn admite, sin embargo que el diálogo es útil y necesario, sencillamente porque el hombre “mira al prójimo como a un interrogante, alguien a través de cuyo valor de ser humano percibo mi propio valor”.
Esta reciprocidad entre los hombres, lleva a Kahn, agnóstico no ateo, como él mismo se definió, a reconocer que “desde fuera de la Revelación, es la condición del pensamiento moral”. Bien y mal, amor, que la ciencia no puede establecer. Y que tampoco está al alcance de la propia razón del hombre. Ya Stanley L. Jaki señaló en su día que Spinoza, con su “Ética” lo único que había conseguido era dejar claro que una “ética científica” era imposible.
Benedicto XVI, que no deja de aprovechar cualquier ocasión para mantener este diálogo abierto, entre ciencia y religión, entre fe y razón, ha recordado recientemente:
“Los científicos no crean el mundo, sino que aprenden de él y tratan de imitarlo, a través de las leyes y la inteligibilidad que la naturaleza nos manifiesta. La experiencia del científico como ser humano es, pues, la de percibir una constante, una ley, un logos que no ha creado pero que, en cambio, ha observado: de hecho, nos lleva a admitir la existencia de una razón todopoderosa, que es distinta de la del hombre, y que sostiene el mundo. Este es el punto de encuentro entre las ciencias naturales y la religión. Como resultado, la ciencia se convierte en un lugar de diálogo, un encuentro entre el hombre y la naturaleza y, potencialmente, incluso entre el hombre y su Creador”.
“Temas éticos en el comienzo y en el fin de la vida”, es otra de las conferencias del Simposio. Es cierto que los lenguajes son diferentes; y a la vez, es también cierto que es el mismo hombre, el único hombre, quien los habla: ¿por qué un análisis científico del universo, no puede ayudar también a la mente del hombre a descubrir la gloria de Dios en el firmamento?
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com
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La vida y la muerte de Álvaro
Octubre 10, 2011
La vida y la muerte de Álvaro
¿Un simple hecho de crónica? ¿Una noticia que apenas deja rastro después de una semana del tiempo cronológico?
¿Queda todo reducido a una Medalla de reconocimiento público a una de las protagonistas de lo ocurrido?
¿Ha sido tal el impacto de los hechos que la gente prefiere no volver sobre lo que han visto con sus propios ojos, pasar página, y que todo siga como siempre?
¿Sólo el marido de la mujer muerta, asesinada, no pasará nunca página del todo?
El hecho ha conmovido la ciudad de Madrid; y lo resumo para quienes no hubieran tenido ninguna noticia de lo ocurrido.
En la mañana del día 27 de septiembre, y mientras el pueblo fiel esperaba el comienzo de la Eucaristía, un hombre con una pistola en la mano entró en una iglesia, disparó a la sien de la primera mujer embaraza que encontró; y después, camino del altar, a otra mujer también embarazada. El hombre, que daba señales de estar fuera de mente, dio unos pasos más, se arrodilló delante del altar, metió la pistola en la boca y disparó.
Quizá en la mente, diabólicamente en tinieblas, del asesino se encerraba el deseo de que, con la madre muriese el hijo que estaba ya en la espera de su presentación en el mundo. Los Arcángeles –el crimen sucedió en la fiesta de los Arcángeles San Miguel, San Gabriel, San Rafael- salieron una vez más al paso del Maligno, y dieron fuerza a la médica para que, sin dudarlo, en la misma Iglesia, extrajera del seno materno ya muerto de la madre a una criatura con vida. La médica sabe muy bien que su alegría es ver nacer, y no ver morir, abortando una vida que anhela respirar el aire libre.
Muchas personas, y yo entre ellas, hemos rezado al Señor para que Álvaro saliera con vida del hospital, y pudiera un día correr, estudiar, rezar, con otros niños en un Colegio, bajo la cariñosa protección paterna. Y creciera, después, y siguiera su caminar por esta tierra hasta llegar al Cielo.
No ha sido así. El Señor se adelantó, y lo llamó al Cielo sin recorrer ningún camino en la tierra. Quiso mantener unidos para siempre a la madre y al hijo.
¿Un canto a la vida? Sin la menor duda. La criatura, desde su concepción, era ya un hombre, y como tal crecía, se desarrollaba, afinaba su oído para reconocer la voz cariñosa de su madre, y su corazón con el de ella palpitaba, y seguirá palpitando toda la eternidad..
Un día de fiesta, un deseo de unirse a la Eucaristía, con la asistencia de los enviados del Señor, los Arcángeles, en una iglesia de un barrio de Madrid. ¿Estaba el asesino bajo la influencia del diablo? Nada de extrañar, si se ven con calma las circunstancias, que hablan a favor de la hipótesis: una fiesta de los Ángeles, la furia asesina descargada sobre dos mujeres embarazadas: una muerta, la otra gravemente herida; y al final, el asesino se suicida, con un tiro en la boca, a los pies del altar, y arrodillado. Tanta presencia del Mal es difícil de explicar sin el Maligno.
Y como la médica -que Dios la bendiga-, que hace vivir a Álvaro; el párroco de la Iglesia se hace cargo inmediatamente de la situación. Cristo siempre vence al diablo. Álvaro es bautizado apenas salido del vientre materno. Ya está listo para abrir las puertas del Cielo.
Y el sacerdote, en un gesto supremo, imparte la absolución al asesino moribundo, en la esperanza de que antes de morir expulse de su corazón y de voluntad, la huella del diablo, y pida perdón a Dios, y acoja la absolución que Cristo le ofrece.
Un Crucificado, desde el muro del retablo del Templo, fue testigo de toda la escena, y recibió las oraciones que los fieles, en silencio, le dirigieron por la madre muerta, por el hijo vivo, por el asesino.
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com
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Invitación a agnósticos
Octubre 5, 2011
Invitación a agnósticos
“Los agnósticos que no encuentran paz por la cuestión de Dios; las personas que sufren a causa de nuestros pecados y tienen deseo de un corazón puro, están más cercanos al Reino de Dios que los fieles rutinarios, que ya solamente ven en la Iglesia el boato, sin que su corazón quede tocado por la fe”.
Esta frase de Benedicto XVI en la homilía de la Misa celebrada en el aeropuerto de Friburgo, en su reciente viaje a Alemania, ha dado, trastocada y maltrecha, la vuelta al mundo; como si el mensaje del Papa fuera que el agnóstico está más cerca de Dios que un fiel rutinario. Mensaje que, obviamente dicho así, está muy lejos del pensamiento de Benedicto XVI.
¿Qué encierran esas palabras?
A alguno le habrá venido a la cabeza la figura de Miguel de Unamuno, de Juan Ramón Jiménez, y de tantos otros escritores que en sus debates para vislumbrar la divinidad de Cristo, la clara presencia de Dios en la tierra, conjugaban el personal agnosticismo con la personal angustia, por que no tenían paz. Y no dejaban, sin embargo, de seguir buscando, clamando a “un Dios desconocido”.
En sus escritos palpita el ansia de infinito que late en el espíritu de toda criatura de Dios; un pálpito que busca el rostro de Dios, la mirada de Dios. Quien busca está, ciertamente, cerca de la persona a la que busca, porque, de algún modo, ya la tiene en el corazón.
Las palabras de los que “sufren por nuestros pecados y tienen deseo de un corazón puro”, nos llevan a todos los que soportan y padecen los escándalos y los pecados de quienes tenemos el tesoro de Cristo, y no transmitimos su luz con nuestra conducta. ¿Qué rostro de Dios puede transmitir un sacerdote, un laico, un cristiano corrompido, que no se arrepiente? ¿Cómo podemos dar ejemplo de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, si no nos arrodillamos ante el Sagrario?. El silencio de la adoración después de la tormenta de Cuatro Vientos es un elocuente reflejo de la Fe que llenaba los corazones jóvenes.
El sufrimiento, con el deseo de un corazón puro, que sufre y perdona, siempre acerca al corazón misericordioso de Dios, y tarde o temprano, lo encuentra. Y al encontrar a Dios, se encuentran con que su propio corazón se ha convertido en “un corazón abierto, que se deja conmover por el amor de Cristo, y así presta al prójimo que nos necesita más que un servicio técnico: amor, con que se muestra al otro el Dios que ama, Cristo”. El deseo de servir a todos los hombres, a todos sus hermanos en el Señor.
Los “fieles rutinarios” de los que se habla el Papa, no son más que un eco de los “fariseos” de los que tantas veces se lamentó Cristo. Para ellos, la Iglesia es apenas “boato”; espectáculo y ocasión para cumplir simples reglas sociales.
El corazón de estos “fieles” está a oscuras, no ama, porque la luz de la Fe no está encendida en ellos. Su Fe se ha convertido en esa Fe de la que se lamentó el Papa en Alemania: “una fe creada por nosotros mismos no tiene ningún valor”.
No es ésa la Fe que ha sostenido a los fieles de la Iglesia en el pequeña región de Eischeld: sus habitantes son católicos desde muchas generaciones: han sobrevivido a la Reforma; al ateismo “ilustrado” -¿puede ser verdaderamente ilustrado el ateismo?-; a las dictaduras del nazismo y del comunismo; y a la apatía e indiferencia de hoy.
“Agnósticos que no encuentran paz por la cuestión de Dios”. Agnósticos por los que el Papa y con él toda la Iglesia –vivificada siempre de fieles no-rutinarios-, reza para que un día vean la luz, y encuentren la paz de Cristo.
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com
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Alegría en Moscú
Septiembre 24, 2011
Alegría en Moscú
El domingo 25 de septiembre de 2011, se celebra con toda solemnidad el centenario de la Consagración de la Catedral Católica de Moscú, dedicada a la Inmaculada Concepción.
Stalin, personalmente, dio la orden de confiscar la Catedral Católica de Moscú. Fue allá en el no tan lejano 1935.
Cerrada desde entonces, el edificio fue convertido en una fábrica, y todas sus dependencias saqueadas y desfiguradas. El lugar ocupado por el altar fue convertido en aseo.
La historia sigue adelante, las estatuas de Stalin han sido abatidas en todo los lugares donde ha querido imponer el yugo de su poder y el del partido comunista.
La Iglesia de la Inmaculada Concepción, Catedral Católica de Moscú, permanece en pie, y se prepara para celebrar con profundo agradecimiento a la Madre de Dios, el centenario de la Consagración del templo.
Comenzada a construir en 1898, se concluyeron las obras en 1911, y se hizo la dedicación de la Iglesia. La presencia de los católicos en Rusia ya era notable antes de la revolución de octubre, y esta Catedral de Moscú es una buena muestra. Hasta 1935 se pudo celebrar algún culto; y en ese año, quienes la confiscaron hicieron los planes necesarios para que dejara de existir para siempre.
Con paciencia, con constancia, poco después de los cambios políticos en Rusia, los católicos pudieron volver a vivir la Misa de la Inmaculada, el 8 de diciembre de 1990. La realidad católica había sobrevivido a todas las persecuciones comunistas; y la vuelta al culto en esta Catedral era una clara señal de que la primavera de la fe se abría paso después de los hielos del invierno.
Desde entonces, paso a paso, limosna a limosna, oración a oración, fueron habilitando las diversas partes del edificio. Edificaron las destruidas; restauraron las más dañadas. Un grupo de seminaristas comenzaron a vivir allí en régimen de seminario, mientras no dejaron de hacer todos los intentos posibles para que se les devolviera todo el edificio, toda la Catedral.
Por fin, en 1996 todo el edificio fue evacuado de ocupantes ajenos a la Iglesia; y a finales de 1999, como un gesto de cerrar las heridas de todas las persecuciones y obstáculos, fue consagrada de nuevo.
Años antes, Juan Pablo II regaló un icono de Nuestra Señora de Kazan, advocación de la Virgen muy venerada en Rusia, a la Iglesia Ortodoxa Rusa. Ella habrá preparada el camino para que, un día, que no ha resultado tan lejano, vuelva con todos los honores a su Catedral.
Benedicto XVI, en la carta nombrando al Card. Tomko, checo, su enviado especial para esa celebración del centenario, escribe: “Exhorto al pueblo a una devoción constante a la santa Madre de Dios. Y que Ella consiga para todos, en Cristo Nuestro Señor, una vida recta, el mayor respecto a la ley divina, una caridad sincera y una coexistencia pacífica con los demás pueblos”.
En la Misa del Centenario de la Catedral de Moscú, rezarán por el Papa, por los frutos de su viaje a Alemania, con el Card Tomko, obispos de Rusia, Polonia, Estados Unidos, Bielorusia, Kazajistán y Lituania.
Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre de la renovada Iglesia Católica en Rusia.
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com
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Despertar de la conciencia
Septiembre 17, 2011
¿Un despertar de la conciencia?
Las noticias no son, a veces, muy esperanzadoras. Y, sin embargo, la inteligencia humana guarda siempre una cierta capacidad para ver los primeros rayos de sol; después de la oscuridad de la noche; los primeros signos positivos después de referencias negativas abrumadoras.
Un diputado laborista y una diputada conservadora han presentado en el Parlamento inglés una propuesta de Ley para que las mujeres, que estén considerando la posibilidad de abortar, reciban una clara información de la realidad de lo que van a hacer y de las consecuencias que el hecho de abortar lleva consigo.
El informe que presentaron deja poco lugar a dudas: el aborto aumenta en un 34% el riesgo de padecer ansia; en un 37% el riesgo de sufrir depresión; en un 110% el riesgo de dependencia del alcohol, y en un 220% el deseo de tomar drogas. Y en último lugar, subraya el crecimiento en un 155% del riesgo de suicidio.
A pesar de haber sido rechazada, y aunque no proponía la abolición del aborto, detrás de la propuesta estaba el deseo de reducir el número de abortados en Inglaterra.
¿Se ha despertado la conciencia de algunos políticos?
En el Meeting de Rimini, Carlo Casini, presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo ha lanzado un llamamiento a todos los hombres y mujeres abiertos a la vida, para que se movilicen y consigan millones de firmas entre los ciudadanos europeos.
¿Para qué tanta firma?
Para que en la Carta Europea de Derechos Fundamentales, como ya ha ocurrido en la de algunas naciones, se añada un reconocimiento explícito de que con la concepción de un ser humano comienza también su derecho a la vida. O sea, que el inicio de la vida vaya unido al reconocimiento del derecho a vivir de todo ser vivo.
El millón de firmas es lo que se necesita para pedir a la Comisión Jurídica del Parlamento Europeo una resolución vinculante. La petición será presentada por los Movimiento-Pro-Vida de toda Europa.
Otro verdadero despertar de la conciencia.
Y a muchos kilómetros de distancia, en un pueblo escondido entre montañas de Argentina, un canto a la vida se abre paso después de una acción miserable. Una joven de 23 años, retrasada mental, con un 80% de incapacidad total y permanente, ha dado a luz a una criatura, un bebé que ha pesado 3 kilos al abandonar el seno materno.
Violada, su embarazo se descubrió a los cinco meses. Desde el primer momento su familia ha aceptado a la criatura, “al bebé nunca le va a faltar nada”, afirma la abuela que tiene que llevar adelante a sus siete hijos con muy pocos recursos. Y toda la comunidad de vecinos se ha volcado en ayudar a la madre y al hijo, con ropa y todo el apoyo necesario de afecto y cariño.
“El bebé, dice la noticia, ha generado un magnetismo particular. Todos los vecinos sonríen al verlo, todos quieren mimarlo, todos parecen agradecido de su presencia”.
Quizá sea por contemplarlo en brazos de su madre, que sonríe siempre; y su sonrisa conmueve a todos. La madre amamanta al bebé, le cambia pañales y está pendiente de su respirar.
Atrás queda la maldad de la violación que, lógicamente, será penada. Atrás queda, también, el “retraso madurativo” de la madre, que no le ha impedido engendrar, dar vida a este bebé, un nuevo hijo de Dios, que ha llevado la alegría a todo un pueblo.
Un luminoso despertar de la conciencia.
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com
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La cercanía de Dios
Septiembre 14, 2011
La cercanía de Dios
“El ateo nunca le perdona a Dios su inexistencia”, “Es más fácil creer en los dioses del Olimpo o de los Indigitamenta que en la inexistencia de Dios”.
Dos aforismos del colombiano Nicolás Gómez Dávila, que han recobrado mucha actualidad en estos días. Y han sido personas que se declaran ateas, no-creyentes, alejados de Dios en el significado más amplio del término, quienes los han puesto otra vez de moda.
¿Qué han hecho?
Sencillamente, dejar al descubierto su nerviosismo, cuando no su enfado, su malestar, ante el desarrollo de la reciente Jornada Mundial de la Juventud.
El declarado ateo, no-creyente, etc., con una cierta lógica podría pasar de largo ante una manifestación de Fe en Dios semejante, sin prestarle la mínima atención. ¿Por qué preocuparse de Dios, si afirma su Inexistencia? Y, sin embargo, muchos no-creyentes, y muchos agnósticos y algún que otro ateo, no acaban de ver con buenos ojos que otros ateos, no-creyentes, agnósticos, se preocupen de poner en duda su “dogma-anti-dogma” de la Inexistencia de Dios.
Alguno hasta se preocupa de buscar las “armas” que han podido utilizar Benedicto XVI, Rouco, y todo el organigrama de la JMJ para “embaucar” a tanta gente. ¿Magia, carisma personal, técnicas de comunicación, aromas orientales; drogas, etc.?
Ya sólo falta que a alguien se le ocurra –aunque quizá ya se le ha ocurrido, que la imaginación de los ateos, agnósticos, no-creyentes cuando se lanza contra Dios adquiere unos matices verdaderamente curiosos- escriba que la tormenta, con el viento y la lluvia, y los rayos, ha sido la puesta en escena de unos efectos especiales para dejar boquiabierto a todo el mundo; para después, frenar los rayos, el viento, y la lluvia en el momento oportuno, para que el silencio, fruto de otro “efecto especial”, llenara de adoración el corazón de más de un millón de hombres y mujeres jóvenes.
Aunque quizá nunca osarían llamar a ese silencio, silencio de oración y de adoración, porque les pondría ante la pregunta: ¿por qué y a Quién adoran; por qué y a Quién rezan?
Hasta el periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano ha reconocido que uno de los frutos más notables de estos días pasados en Madrid ha sido el devolver nueva actualidad a ese pequeño acto de piedad que se llama la “comunión espiritual”. Una oración sencilla que el cristiano reza manifestando al Señor su deseo de prepararse para recibirlo en la Comunión Eucarística, o bien, su deseo de acogerlo con todo el corazón cuando no puede recibir la Eucaristía por cualquier causa, y hacerlo “con la pureza, humildad y devoción” de la Virgen María y “el espíritu y el fervor” de los santos.
Conozco a un profesor judío que reza esa oración pidiendo a Jesucristo que le ilumine para creer en Él, en el Hijo de Dios hecho hombre. Ya me ha dicho un no-creyente que ya no afirma que es no creyente, y que reza esa oración para que su alma se llene, de nuevo de la plenitud de la Fe. He comenzado a hablar con un ateo que se ha visto removido hasta lo más recóndito de su corazón, y ha notado el venirse debajo de todo el armazón sobre el que había prendido asentar la “racionalidad” de su “increencia”.
El silencio, después de la tormenta con su viento, su lluvia, sus rayos, se ha convertido para muchos en ese silencio del alma que el hombre necesita para descubrir a Dios; y que Dios anhela para manifestar al hombre su alegría de estar con él.
Y esa “cercanía de Dios, en Cristo Nuestro Señor”, es la que lleva a algunos ateos, agnósicos, no –creyentes “a no perdonar a Dios su inexistencia”.
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com
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Que Cristo se manifieste
Septiembre 14, 2011
Que Cristo se manifieste
“En este tiempo de ausencia de Dios, cuando la tierra de las almas es árida y la gente no sabe de donde viene el agua viva, pedimos al Señor que se muestre”.
“Queremos pedirle que a aquellos que buscan por todas partes el agua viva, les muestre que es Él mismo esta agua, y que Él no permite que la vida de los hombres, su sed por lo que es grande, por la plenitud, se ahogue y sofoque en lo transitorio”.
Después de las jornadas tan llenas de la silenciosa presencia de Cristo en el corazón de tantas personas, y también, y de manera particular, en su corazón, Benedicto XVI tuvo la sesión anual de estudios con sus exalumnos. El tema fue la “nueva evangelización”.
En realidad, me parece, desde hace 2.000 años estamos viviendo una “nueva evangelización”. El anuncio de Cristo muerto y resucitado, ¿no es acaso siempre una nueva evangelización, una “buena noticia” que jamás pierde ni actualidad ni novedad, porque sencillamente jamás llega a ser conocida en toda la profundidad de su misterio?
“Pidamos al Señor que se muestre”. Una petición del Papa que quizá ha sorprendido a alguno. Y es lógico. Hecha a una serie de teólogos, sitúa todo el conocimiento de Dios, toda la labor evangelizadora, en su verdadera perspectiva. La Iglesia vive de la Fe; y Cristo se muestra al mundo, a los no creyentes y a los creyentes, en la Fe del Papa, de los Obispos, de los sacerdotes, de los fieles.
Ya san Pablo lo recordó desde los comienzos. Pablo y Apolo podían sembrar la semilla de la Fe y regarla; pero era siempre Dios el que daba el incremento. Y la “evangelización” sigue siempre los mismos caminos.
Se habla de nuevos métodos, y ciertamente son necesarios, como por ejemplo las mismas Jornadas Mundiales de la Juventud. Se habla de adaptar el lenguaje; y también es lógico, siempre que se anhele dar vida a las palabras “eternas” y no ceder ante las múltiples y variadas manipulaciones del lenguaje, tan al uso. Se adapta el lenguaje; no la Realidad de Cristo que el lenguaje trata de expresar.
Y ¿cómo se muestra el Señor?
Apenas regresado a su diócesis de Viena, el card. Schönborn, ha tenido que enfrentarse con unos sacerdotes “disidentes” que quieren que la Iglesia cambie y acepte: “la Comunión para los divorciados; el matrimonio para los Clérigos; la ordenación de Mujeres; la predicación de laicos en la Misa, etc. etc.”, o sea, casi los mismos puntos de doctrina y de fe que están originando la paulatina conversión de fieles anglicanos a la Iglesia Católica en países de lengua inglesa.
El Señor se manifiesta en la palabra del Card. Schönborn invitando a la rectificación. ¿Acogerán los sacerdotes la Palabra?
Es el Papa que sigue hablando a sus exalumnos. Él sabe que la Iglesia, queriendo evitar todos los cismas y rupturas, no puede traicionar su misión no transmitiendo la Verdad, no transmitiendo a Cristo. Por eso pide con humildad, consciente de las debilidades y de los errores personales y de todos los cristianos:
“Pidamos perdón al Señor, porque no somos capaces de llevar la luz de su rostro a los hombres, muy pobremente dejamos traslucir que Él es, que Él está presente y que Él es la realidad grande y plena que todos esperamos. Y con el perdón le pedimos que nos renueve con el agua viva de su Espíritu y que nos permita celebrar los sagrados Misterios dignamente”.
Si esos sacerdotes “disidentes” no desean “celebrar los sagrados Misterios dignamente”, el Señor se “mostrará” dando fuerza al card. Schönborn para decirles claramente que se han alejado ya de la Iglesia, que han comenzado a caminar ya otros caminos que les llevarán cada vez más lejos de Dios.
Y el Señor “se mostrará” dando el incremento a la siembra que el Papa, los Obispos, los sacerdotes, los fieles han sembrado en los corazones de los participantes a la Jornada Mundial de la Juventud.
Ernesto Juliá Díaz
ernesto.julia@gmail.com
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“Una verdadera cascada de luz”
Agosto 31, 2011
“Una verdadera cascada de luz”
Con las palabras que dan título a estas líneas, Benedicto XVI se ha referido a la recién concluida Jornada Mundial de la Juventud, en la primera Audiencia General en Castelgandolfo, después de su regreso a Roma.
Y al hacer un breve repaso de lo ocurrido en esa Jornada que él mismo Papa califica de “un acontecimiento eclesial emocionante”, hace mención especialmente a la recomendación que hizo a los profesores en el Monasterio de El Escorial:
“A los profesores les recordé que sean verdaderos formadores de las nuevas generaciones, guiándoles en la búsqueda de la verdad no sólo con las palabras sino también con la vida, consciente de que la Verdad es Cristo mismo”.
Los aficionados a las estadísticas ya nos han comunicado que las palabras “Jesús, Jesucristo, el Señor, Cristo, Dios, Maestro, Hijo”, aparecen 341 veces en los discursos –ni muy extensos, ni muy numerosos- que pronunció el Papa en Madrid.
La “cascada de luz” es, sin duda alguna la “Luz de Cristo”, la “Luz que ilumina al mundo”. Esa Luz a la que Benedicto XVI ha invitado a buscar a los jóvenes, sin desfallecer.
“Tenéis interrogantes y buscáis respuestas –les dijo a los franceses en la Cibeles- Es bueno buscar siempre. Buscar sobre todo la Verdad que no es una idea, una ideología o un eslogan, sino una Persona, Cristo, Dios mismo que ha venido entre los hombres”.
“Nosotros predicamos a Cristo, y a Cristo crucificado”, dijo ya san Pablo en los albores de la aventura de la Iglesia, y así han seguido predicando tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia.
Quizá muchas personas que vivieron aquellos momentos en Cuatro Vientos, y muchos más que siguieron la Jornada por televisión, recordarán en su alma el silencio de la adoración a Cristo Eucaristía después de la tormenta.
Muchos se preguntarán por el significado de ese silencio, qué razones, qué fuerzas, podría haber detrás de un silencio semejante sostenido en el respirar de más de millón y medio de personas.
Fue el silencio de la “soledad sonora”, el silencio de la “cascada de luz”; el silencio de la alegría incontenible ante Cristo Resucitado; el silencio que esconde todo el amor de Dios creador; el silencio del hombre asombrado ante Cristo vivo, presente en la Eucaristía, “le alaba, le da gracias le pide ayuda y luz”. El silencio sinfónico del amor del hombre que contempla la entrega amorosa de Dios. El silencio de la Verdad, que se hace Vida y Camino.
Y una vez más, el Papa invitó a todos a que ese silencio les lleve a descubrir la “roca”, que hace posible su alegría y su paz.
“Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el Universo”.
“Una verdadera cascada de Luz”, que ilumina hasta los más recónditos recovecos del espíritu de esos verdaderos adoradores de Dios, “en Espíritu, en Verdad”.
Ernesto Juliá Díaz
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Mas allá de los “valores”, Cristo
Agosto 26, 2011
Mas allá de los “valores”, Cristo
¿Momentos de recogimiento, y de silencio interior, en medio de hombres y de mujeres jóvenes que ya habían alcanzado la cifra de millón y medio?
Este es una de los grandes retos de la Fe en Cristo. Y no invitaba a los jóvenes a retirarse a algún lugar desértico o apartado, en silencio, sin molestias de ningún tipo y sin preocupaciones que pudieran distraer la concentración de su espíritu.
No. Allí, en medio de compañeros de estudios y de trabajo de los cinco continentes; en medio del clamor de los cantos, de las baterías, de las guitarras, de los saxofones. Allí, en medio de los confesionarios, en las tiendas preparadas para la Adoración Eucarística, en las catequesis y reuniones de todo tipo, “recogimiento y silencio interior”.
¿Para qué?
Los jóvenes, y los menos o más jóvenes, no dejan de oír discursos, mensajes, que les hablan de “valores”; de “grandes ideales por los que vale la pena luchar”; de “empeñarse en la construcción de una nueva sociedad más solidaria, más libre, más humana; más justa,…”. Palabras que casi nunca manifiestan más que deseos genéricos, ilusiones sin apenas contenido; porque quienes las pronuncian no se paran a pensar –no se “recogen”- qué quieren realmente decir. Quizá porque sospechan que, con lo que ellos tienen en su cabeza, lo que quieren decir con esas palabras no resiste un análisis racional libre y profundo.
¿Para qué?
Benedicto XVI dijo claramente a los jóvenes que esos momentos debían ser para “asimilar los misterios de nuestra Fe, y lo que Dios obra en nosotros”, y apenas puesto pie en el aeropuerto de Barajas les ha hablado de “descubrir a Cristo, que es Camino, Verdad y Vida”. Les dijo que “tuvieran la alegría de manifestar su Fe en Cristo” y compartir esa alegría con tantos creyentes de todo el mundo, y ayudar a los no-creyentes a abrir las puertas a la Luz, que es Cristo. Y poco después, en el escenario de la Cibeles, les animó a buscar la Verdad, que no es “una idea, una ideología, una palabra: es una persona: Cristo”.
Benedicto XVI sabe que puede invitar a reflexionar en los contenidos de la Fe, porque sabe que están sostenidos por la presencia histórica de Cristo en la tierra y por su Resurrección; porque conoce la racionalidad del actuar de Dios Creador, que ha escondido su sabiduría en cada criatura, y muy especialmente en el hombre; y que nunca actúa “contra la razón”.
El Papa, además, sabe a quien invita “al recogimiento y al silencio interior”: jóvenes, mujeres y hombres, que adoran a Cristo en la Eucaristía, y que se alimentan de Cristo en la Comunión.
En su realidad histórica, Cristo les descubre su Verdad, y sostiene la Fe. En los hechos de su vida –cada joven lleva unos Evangelios y un Catecismo en la mochila-, las huellas de Cristo indican el Camino. Y adorando la Eucaristía, los jóvenes saben que están ante Cristo Resucitado; y al recibir la Comunión se alimentan ya de la vida de Cristo, de la Vida Eterna.
Cualquier “valor”; la suma de “valores”, apenas significará nada, si no se fundamentan en la Roca –también lo recordó el Papa-, en la Verdad que es Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Siendo la Verdad, es también Camino y Vida.
Ernesto Juliá Díaz
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Un reto apostólico para la Iglesia
Agosto 14, 2011
Un reto apostólico para la Iglesia
Las noticias sobre la ya inmediata Jornada Mundial de la Juventud se suceden a un ritmo difícil de seguir.
Cada nuevo dato, cada nuevo programa es una invitación a que todos los creyentes unamos nuestras oraciones para que el Espíritu Santo convierta esos días en una verdadera Pentecostés. Las palabras del Papa, del Arzobispo de Madrid, de todos los organizadores, marcan bien la pauta.
Quiero añadir a esas noticias, dos recientes que si bien no hacen una relación directa a la Jornada, si justifican el título de estas líneas; porque nos informan de hechos que son un auténtico reto para la Fe de todos los creyentes.
La primera noticia es una buena llamada de atención: el número de lugares de reunión de grupos protestantes, especialmente evangelistas, ha aumentado considerablemente en Cataluña durante los últimos años.
La segunda llega también de nuestras costas mediterráneas: de Almería, y más concretamente de Roquetas de Mar, Norias de Daza y la Mojonera.
Dos misioneros de África, de los “padres blancos”, se situaron en la zona antes de acabar el siglo XX, con el deseo de evangelizar a los africanos que llegaban a aquellas tierras en busca de trabajo y de acogida.
Desde entonces, la labor pastoral ha ido creciendo paso, y este año han tenido la alegría de recibir en la Iglesia, de Bautizar, de Confirmar, y en algunos casos, de unir en Matrimonio, 58 africanos, jóvenes y adultos, asentados ya en la tierra, trabajadores de las plantaciones de cultivos que llenan los mercados de Europa.
Cincuenta ocho nuevas familias católicas, que se suman a las que han ido naciendo desde 1998, año de la llegada de estos misioneros. Y yo ya me imagino la alegría, y las acciones de gracias de estos “padres blancos”, cuando vivan la ordenación sacerdotal de los primeros afro-españoles de color, nacidos en las tierras que los acogieron.
Las dos noticias nos hablan del Reto de la Emigración. De un lado los dos hechos son una confirmación, por si fuera necesaria, de que Dios “esta vivo”, o mejor dicho, de que “Dios vive”, y de que todos los hombres de buena voluntad le buscan.
Y de otro lado, ponen a la Iglesia ante el verdadero sentido de la acogida, de la “solidaridad” con los emigrantes.
Y aquí viene la luz de la Jornada Mundial de la Juventud. La gran acogida, la verdadera acogida cristiana a todas las personas, es la de transmitirles nuestros verdaderos tesoros, y ningún tesoro como el de nuestra Fe en Cristo Señor, Hijo de Dios hecho hombre; ningún tesoro, como el de la acogida en la Familia de Dios, que es la Iglesia.
Los africanos de Almería, y la mayoría de los sudamericanos protestantes de Cataluña, esperan que la Iglesia en España les comunique esas luces que el Papa ha transmitido en todas las Jornadas Mundiales de la Juventud que ha vivido hasta ahora, y seguiré transmitiendo en Madrid:
“En Jesucristo, que por nosotros permitió que su corazón fuera traspasado, se ha manifestado el verdadero rostro de Dios”.
“Presentad vuestras alegría y vuestras penas a Cristo, dejando que Él ilumine con sus luz vuestra mente y toque con su gracia vuestro corazón (…) Haced la experiencia liberadora de la Iglesia como lugar de la misericordia y de la ternura de Dios para con los hombres. En la Iglesia y mediante la Iglesia’, llegaréis a Cristo, que os espera” (Colonia, 2005).
El Papa nos ha invitado a rezar para que todos los participantes en la Jornada Mundial descubran su “vocación”. Es una invitación que se aplica también a todos los emigrantes. Que descubran en la Iglesia Católica viva en los pueblos que los acogen, su vocación a la Fe, que todos puedan vivir con los cristianos que se solidarizan con ellos en todas sus necesidades, “la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros” (Mensaje para la JMJ 2011).
Ernesto Juliá Díaz
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